¡Viva la gente!
Roberto Maján wants to reminds us of the significance of celebration as a primitive and sincere manifestation of our animal essence. He is reflecting upon how unconscious enjoyment tends to veer toward chaos and even environmental destruction. The consequences of any such sensory gratification are seldom measured when the human condition urges us to live for the moment. Without moralising, the artist recognises himself and everyone else as an incoherent species. Although we may be advanced biologically, our natural tendancy toward selfishness often damages the very things that we require to evolve.
Roberto Maján’s uniquely sarcastic point of view proposes that we make a conscious effort to think about who we are, what we do and what effect this has on the planet. Madrid is the location chosen to illustrate these images of the unconscious plague taking place. The Spanish capital is a party town if there ever was one. The city is a contradiction as is all of life and humankind. We are who and what we are, in spite of ourselves, so who can say no to a good party?
“¿Cómo nos verán los dioses a los humanos un día de fiesta?
Roberto Maján
Se me ocurre que de algún modo parecido a como vemos nosotros un hormiguero una vez levantada su piedra y las hormigas desprovistas de su protección moviéndose caótica y alocadamente sin atender a su precisa programación que les hace funcionar como un sólo cerebro.
Porque aunque en los días laborables somos bichitos que actuamos también según un plan, capaces de cierto orden, tenemos una tendencia insensata hacia el caos. Ese principio rector de nuestra naturaleza que nos emparenta con con los primates, nos inclina hacia la pasión desmedida y el hybris. Lo que no sería muy terrible si no tuviéramos la inteligencia que como sapiens se nos ha conferido y pusiéramos esta al servicio del odio que a veces nos rapta haciendo aflorar a nuestro mandril interior. A veces también sentimos amor y empatía, pero siempre y cuando tengamos la barriga llena. Y para eso nos hemos comido a la megafauna del planeta y seguimos sumando especies a nuestra cuenta de extinciones. Porque paradójicamente, aun cuando aparquemos el odio y seamos capaces de colaborar para obtener resultados, lo hacemos en detrimento de nuestros compañeros de planeta y del planeta mismo. Y es que alimentar a 7.700 millones de bichitos insaciables, caprichosos y con un cerebro y unas pasiones que consumen tanta energía, no es moco de pavo. Así que los dioses nos verán con cierta indulgencia paternalista porque hemos salido precisamente a imagen y semejanza de ellos, con síndrome de demiurgos corta bacalaos y no nos exterminan como la plaga que somos porque somos monos, en el buen sentido de la palabra, y les hacemos oportunamente la pelota, celebrando todo tipo de fiestas en su honor. Además, ¿quién creería en ellos si no?”






















